Le hubiese gustado nacer en Le Mans pero en su pueblo de origen no escuchaba mas motores que los de los tractores camino de los campos circundantes. Seguro que con una oportunidad en el Jarama o Calafat hubiese hecho cabriolas con su buga. Pero nunca se apuntó al curso de pilotos. Guarda en lo más profundo de su ser, la enorme fustración de no haber tenido nunca un escalextric, ni tan siquiera un coche teledirigido de los de mercadillo de segunda mano. Y mira que lo intentó veces suplicando al rey Baltasar que le sorprendiera un seis de enero con tan anhelado regalo. Pero ni por esas.
Aprobó a la tercera, y debió ser por aquello de que a esa, va la vencida. Lo hizo por los pelos, por los de él y por los del profesor, que cada vez que salían a circulación notaba como su peinado era un puro pelo pintxo. Ni el aire de la ventanilla abierta lograba domarlo. Con el carnet en el bolsillo, tuvo que esperar mucho tiempo a que el padre prejubilara el utilitario para tener coche. Un vehículo que acumulaba más kilómetros que las legiones romanas en plena expansión del Imperio. Pero todavía arrancaba, hacía mucho ruido inversamente proporcional al movimiento que desarrollaba. Y con más desconchones que la pared de un frontón despues del paso de siete generaciones de pelotaris. Pero nuestro héroe era el rey de la carretera.
Ya se compró vivienda. De precio tasado, pero vivienda con derecho a trastero y plaza de garaje. Y ahí, en el garaje es donde nuestro hombre volvió a nacer. La vida le dio una segunda oportunidad para demostrar al mundo que a su lado, lo de Fernando Alonso era de aficionados. Y con su buga descatalogado, recorría las calles del parking en contradirección, no respetaba las señales de ceda el paso, las huellas de sus neumáticos adornaban todo el pavimento, dejando rastro a su paso como hacen las ovejas cuando salen al monte. Coleccionaba denuncias de sus vecinos, tenía a orgullo recibir amenazas en el buzón afeándole su incívico comportamiento motorizado. En alguna junta de vecinos se llegó a proponer costearle un curso mensual de pilotaje, no para que realizase su sueño sino para tenerlo fuera de la circulación vecinal durante treinta días.
Hay muchos así por nuestros edificios. O pocos pero molestos, o algunos pero peligrosos por lo que pueden ocasionar e incluso han ocasionado. Se imaginan, por buscarles un atenuante trasnochado, que el reglamento de circulación se anula cuando se abre la puerta vasculante y se deslizan rampa abajo camino de la gloria. Deben ver gentíos asomándose a los trasteros, jalendo su nombre, subido al cuadro de luces, corona de laurel al cuello impuesta por el presidente de la comunidad, rueda de prensa en la sala de calderas. Los soñadores a pié solo son peligrosos cuando van hablando por el móvil porque no ven al resto de transeuntes. Los “formulines” en un garaje son bombas de relojería sin válvula de seguridad. ¿ se identifica con ellos?. Más que un vecino solidario es vd. un destalentado peligroso. Asi, sin paños calientes como los que le van a tener que poner si algún día sus vecinos se cansan. Al tiempo
Hasta la próxima que será la siguiente, si la vida quiere.
Ekíser









