Estuve en el Salón Inmobiliario de Baluarte. Cita obligada para saber, conocer, saludar, preguntar y tomar el pulso al sector. Público, mucho; interés, moderado tirando a alto; operaciones, razonables en el momento y otras que, como los cantos rodados, se irán redondeando con el paso del tiempo y el caudal de nuevas consultas.
La burbuja que hemos vivido dejó a todo el sector, como cuando estalla un chicle en la cara de quien lo mastica: medio aturdido, con restos en toda la cara y con el coraje de no haberlo previsto. Pero entre el entusiasmo de quienes ofrecen y la receptividad de quienes se informan, el Salón ha podido cerrar la persiana con una buena sonrisa y con alguna que otra operación sellada. Y por encima de todo, con una dosis de prudencia imitadora de los gatos escaldados, pero con luz al final del túnel, no un resplandor deslumbrante pero si con la certeza de que la cita inmobiliaria de fin de semana, ha servido para mucho más que para regalar unos llaveros y unos bolígrafos de reclamo.
El optmismo es una sensación que se disfruta lentamente y las estadísticas de los próximos meses pueden evidenciarlo. Ojalá
Hasta la próxima que será la siguiente si la vida lo permite.
Ekíser









