Han vuelto las grúas como prometió el poeta que volverían las oscuras golondrinas. Retorna la costumbre de comprar sobre plano, de no asustarse por el importe de una hipoteca, de apuntarse en las listas para ser propietario “con protección oficial”. Ya nadie habla de la burbuja, la amnesia social drena el pesimismo porque nuestra memoria histórica siempre se suele poner hacia el lado donde el sol calienta.
De nuevo la inversión inmobiliaria recoge ahorros, capital e inversionistas. Y todo eso es bueno para que el parque enmohecido de viviendas nuevas sin vender, vayan teniendo luces encendidas cada noche y ropa en el tendedero. Vuelven los contratos, las mudanzas, el olor a cemento y pintura fresca, la vivienda usada cambia de manos…el optimismo debe ser el motor del futuro pero no olvidemos que la falta de precaución en las operaciones inmobiliarias suele ser una bomba con retardo que siempre carga el diablo.









