Y aparecieron de nuevo las grúas en el panorama de las ciudades. Y le volvieron a dar a la manivela de las hormigoneras. Y las inmobiliarias sacaron del armario el block de los pedidos cuyas páginas estaban apergaminadas color crisis. Y volvieron a adornarse los balcones y las terrazas con reclamos vendedores y con coronas de laurel camufladas en un cartel de: vendido. La alegría, tipo burbuja de cava berbenero, recorre de nuevo los despachos bancarios con ofertas de hipotecas al cien por cien, más gastos, más un café con el director de la sucursal que siempre suele ser un tipo muy agradable cuando cierra operaciones.
La amnesia inducida suele ser un pecado que tiene una penitencia dolorosa. Tropezar en la misma piedra hace que se nos abra la herida y que el obstáculo se despepite ante la imbecilidad. Bienvenida sea la alegría, muchas familas dependen del mercado creciente pero una sonrisa sin medida, genera caries en los bolsillos.









