Pero, aunque no nos lo parezca, el tema nos afecta, y además, nos afecta directamente. Nuestro edificio tiene que ser evaluado, vamos, como un chequeo, especialmente si ha cumplido ya algunas décadas, si nadie le ha tomado el pulso a su eficiencia energética y si los accesos no tienen en cuenta que hay personas con movilidad reducida que se las ven y desean para superar las barreras arquitectónicas que otras épocas y otras técnicas constructivas admitían como buenas.
Los titulares de prensa hablan de que han sido requeridos para la evaluación 8.000 edificios en Pamplona, de los que solo 1.835 han presentado informes. La esperanza nunca se pierde porque esas mismas estadísticas confirman que han aumentado un 13% en los últimos tiempos las evaluaciones pero el porcentaje denota falta de concienciación por parte de propietarios de un edificio al que un técnico, es fundamental su profesionalidad, debe dedicar unas horas hasta “radiografiar” su estructura, su contribución al medio ambiente y su socialización activa con quienes tienen problemas para acceder a él.
Disimulando solo se consigue que el problema se agrave, se impida toda posibilidad de recurrir a subvenciones para mejoras de habitabilidad y que a la hora de vender una vivienda, nos pongan trabas de todo tipo. Puede disimular, incluso silbar, mirar hacia otro lado y pensar que siempre acaba saliendo el sol, pero un eclipse administrativo en el momento más inoportuno nos puede ocasionar serios trastornos.
Háblelo con sus vecinos “sin disimulos”.

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