Necesitaríamos un tratado de sociología, otro de economía y otro de…costumbres, para arrojar algo de luz al titular de la línea superior. Pero no tenemos ni tiempo ni espacio. A guisa de resumen, ha cambiado la tendencia, porque los tiempos imponen nuevos criterios, porque cuando al vecino ves sus barbas pelar…, porque invertir es la ciencia más inexacta de todas las ciencias exactas, porque las herencias ya no circulan por la misma avenida que hace unos años, porque mover el capital es más difícil que mantener el equilibrio de un flan mientras bailamos salsa, porque…qué seis letras con más secretos.
Hemos cambiado los españoles nuestro criterio sobre el alquiler. De la rotundidad del: “tirar el dinero”, hemos pasado al: “dialoguemos con la calculadora de testigo”. En el año 2005, el alquiler en nuestro país solo representaba el 19,4% del parque inmobiliario; al cierre del ejercicio 2018 este porcentaje había subido el 23,9%. Y en clara progresión. ¿Tal vez porque cada vez nos sentimos más europeos?
Miremos a los vecinos. En Alemania superan el 48% y en Francia el 35,6%. Busquemos la media del viejo continente: 30,7%. Cada país tiene su criterio y aporta sus datos, como no puede ser de otra manera. Pero el sentido de la marcha parece claro para todos.
Con argumentos a favor o en contra, la idea de tirar el dinero por ser inquilinos de una vivienda de la que no somos propietarios ya es residual. Cada día son más y más completas las posibilidades que ofrece el mundo inmobiliario contando, además, con la complicidad del sector bancario.
El concepto de propiedad también está cambiando (¿echamos un vistazo al mundo del automóvil?) y es posible que, en los próximos cinco años, a la vista de los vaivenes financieros que nos auguran, tengamos que recurrir a fórmulas que hasta ahora sumaban más reticentes que seguidores. Evolución pura y dura
Por cierto, ¿Darwin vivió de alquiler o era propietario? Sabemos la respuesta, pero lo dejamos para otro día. La inmediatez suele tener poco encanto.










