Son como globos, o mejor, como ladrillos-sonda. Quitan las ayudas a las viviendas creando zozobra en futuros compradores y en empresas del sector para dar marcha atrás a las horas. Volvemos al punto de salida hasta que alguien se levante una mañana con ganas de pasar a la historia como un iluminado. No es igual tener beca o no tenerla, no da lo mismo tener garantizadas unas prestaciones sociales que echar mano de familia y amigos para cubrirlas. Y si bien es cierto que el alquiler es moneda corriente en toda Europa, por estos lares la propiedad de una vivienda todavía nace con el individuo. Con su hipoteca correspondiente, con sus esfuerzos, para muchos sacrificios, con la satisfacción de cumplir todos los meses y con el mal rato de pedir al banco que tenga paciencia por unos retrasos. Juegan con anunciar que quitan las ayudas anclando la medida en un horizonte temporal donde no pueden asegurar que seguirán ocupando los mismos puestos de los que disfrutan ahora. La angustia por el devenir genera unos dolores de cabeza gratuitos y ni los analgésicos pagan quienes los provocan.
En las viviendas comen el pan muchas familias y son el pan de otras tantas. Para que vengan con bromitas…










