¿Recuerda cuándo firmó la hipoteca de su vivienda?
Qué nervios, qué ilusión, qué vacío en el estómago… ¿Tiene vivo en la memoria el día que hizo el último pago de ese préstamo inmobiliario? Un suspiro de alivio, unas cuantas canas que antes no existían, prácticamente toda una vida con sus luces y sus sombras.
Permítame decirle que forma parte del 95,5% de los jubilados que tienen pagada su vivienda y si continúa viviendo en ella, también está en la lista del 82% de las familias españolas que son propietarias inmobiliarias.
Si damos una capa de barniz optimista a su situación, déjeme darle la enhorabuena porque su jubilación tiene una bandera de tres colores: el verde que significa la vida y la buena salud, el azul de la armonía y la inteligencia y el negro que, con sus cincuenta tonos distintos, evidencia la ausencia total de otros colores.
Su vivienda, la suya y nunca mejor dicho porque la pagó céntimo a céntimo, puede ser la garantía de una jubilación tranquila, de un techo seguro, de una herencia para los suyos.
Esas paredes que podrían escribir su biografía, pueden ser testigos de una soledad mitigada, gracias a esa misma vivienda, por alguien que quiera compartirla y dulcificarla sembrando con humanidad, un porvenir para esas personas que jamás hubieran soñado.
O dejarla como “prenda” para conseguir plaza en una residencia o para alquilar aquellas estancias que Vd. ya no ocupa. Tres colores tiene mi vivienda y cómo me gustaría escribir transparente para que se me entienda.
Hay capacidad de maniobra con esa propiedad, tanta capacidad como la de darse un capricho con forma de viaje, hacerla más accesible porque los años no pasan en balde, centro de convivencia con otras generaciones con las que sembrar futuro y revivir recuerdos.
Jubilación y vivienda, si ya llegó esa etapa dele una vuelta. Si aún está lejos, coja el calendario y dele muchas vueltas. Centrifugar días y posibilidades es la base de una solución inteligente.
Pronto le daremos una vuelta juntos, si Vd. quiere. Es cuestión de pocos días.










