Se que es un titular extraño, incluso complicado, pero les puedo asegurar que se ajusta a la realidad del día a día que debe vivir todo profesional inmobiliario.
En cualquier operación relacionada con viviendas, terrenos, ya sean de compra o de alquiler, se conjugan muchos verbos: asesorar, valorar, averiguar, comparar…, pero por encima de todo, acompañar. Y en este caso, como en otros muchos, el infinitivo tiene un contenido aséptico que enfría la relación, marca una línea roja entre cliente y asesor, entre cuestionario sin chispa a respuestas concretas ante preguntas concisas.
El profesional debe olvidarse de adoptar posturas cómodas, neutras, del sí pero no pasando por un ya veremos. Y ahí surge el sufijo –amos.
No hay que acompañar, acompañamos; no hay que asesorar, asesoramos. Nunca debe quedarse en el trampolín mientras el cliente salta a la piscina, hay que saltar al mismo tiempo para compartir minuto a minuto todas las gestiones, los problemas, las dudas y los éxitos. Muchas veces el asesor es el salvavidas hablando de agua.
Y aunque pueda sonar a mero problema semántico, en la conjugación de una media docena de verbos está la diferencia entre un profesional inmobiliario y alguien que solo se limita a vivir de la actividad inmobiliaria.
Estas líneas llegan a su final porque el mensaje ya está dado. Y muchos de los que lean esto lo han experimentado. La cinematografía tiene en las películas del oeste un montón de títulos que se ajustan al tema: solo ante el peligro; por un puñado de dólares; el bueno, el feo y el malo… Ojalá sus gestiones sean de película y hasta en el cine, se sienta acompañado.










