Los meteorólogos, fundamentalmente los televisivos, han conseguido a base de explicación-repetición, que muchos términos relacionados con su profesión, se nos hayan hecho familiares. Las isobaras, los tsunamis, las cencelladas y los anticiclones son vocablos de uso habitual, casi cotidiano, y eso nos lleva a pensar que, puestos frente a un mapa del territorio, nosotros somos también capaces de interpretar lo que indican los satélites meteorológicos, los pluviómetros, los anemómetros y las estadísticas que también ayudan en estos casos. Craso error.
Cuando ejercemos de futurólogos, tendremos que admitir, antes que después, que los móviles y sus aplicaciones en tiempo real (nunca mejor dicho) y a semana vista, evitan que, exagerando, salgamos a la calle con abrigo en pleno agosto o con camiseta mientras caen copos de nieve. Las mujeres y los hombres profesionales meteorólogos, saben de qué hablan y cómo deben explicarlo para no inducir a error a los espectadores, a los oyentes o a los lectores.
Hipoteca, clausula suelo, alquiler con opción de compra, zona de expansión, casco histórico, gentrificación, cédula de habitabilidad. Todos esos términos nos suenan. Admitamos de entrada que no nos atreveríamos a dar una conferencia, pero que sabemos a cuanto está en nuestro barrio el metro cuadrado edificado, que hay ayudas oficiales para la rehabilitación de viviendas y que la accesibilidad en los edificios ha dejado de ser materia voluntaria para convertirse en ley de obligado cumplimiento.
Ambos ejemplos, tiempo del tiempo y tiempo de habitar, es que mientras en el primero los errores tienen escasa incidencia en nuestras vidas, salvo para agricultores o marineros, en el segundo decir que sabemos y obrar en consecuencia, nos puede traer dolores de cabeza y de cartera.
Las estadísticas hablan de que un 80% de las operaciones inmobiliarias presentan problemas de menor o mayor envergadura.
Como ha podido comprobar, su móvil le da la temperatura sin necesidad de llamar al meteorólogo de cabecera. Pero ojalá nunca experimente que no consultar datos inmobiliarios con un profesional le puede disparar la suya.
Y como en el viejo chiste, lo que empezó siendo una marejadilla le pueda costar el barco.










