No es un símil inmobiliario taurino. La conjunción, nada que ver con otras conjunciones astrales de avinagrado recuerdo, puede producirse porque Europa tiene puesto su microscopio en el cálculo del euribor. Y cada vez que en la sede belga se escapa un estornudo, las calculadoras sufren una neumonía. Y como en este caso se barajan cifras peligrosamente altas, como lleguen a conclusiones no contempladas en los últimos años volveremos a sufrir el zafarrancho entre gobiernos, bancos y consumidores.
El tema se está empezando a destapar ahora, aunque ya lleva su tiempo hirviendo en el puchero de las prioridades europeas. Cuentan los que saben, o los que inventan con imaginación, que será en julio 2017 cuando se conozca si se declara la guerra del euribor o si los mansos reconducen el encierro hasta las principales plazas del continente.
Como tengamos que echar otro capotillo no previsto, nos vamos a quedar con la misma cara espermática que tiene un extranjero esperando que le pille un toro en el encierro de la villavesa.









