Da la sensación de que hay alguien en cada recodo del camino advirtiendo del peligro. Cuando la estadística habla de que la vivienda sube en España un 6,7%, se abre el altavoz de la tribuna agorera para aseverar que vamos muy deprisa, que quizá no aprendimos de la experiencia, que algunas heridas aún no están cicatrizadas y que ya empezamos peligrosas aventuras. El refranero se inspira en el acontecer de hechos que se repiten y en este caso uno piensa en que a río revuelto, ganancia de pescadores. Pero no llego a ver el río, nadie da la imagen de pescador. Si de nuevo surge la burbuja, amén de admitir nuestra estulticia, el río se volverá torrentera y todos los sectores implicados deberán empezar de nuevo la travesía del desierto. El mundo inmobiliario vuelve a tener movimiento y con él arrastra a quienes siempre han sido sus compañeros de viaje. La prudencia anima a dar pasos cortos, bien medidos por quienes tienen el deber y el conocimiento de supervisar la marcha y denunciar cualquier atisbo de abuso o desmelene. El mercado confía en un nuevo horizonte y para que se despeje y afiance, debemos dar vacaciones al que en cada recodo del camino, pronostica que no hemos aprendido nada. Creo que todos nos hemos vacunado contra el optimismo irracional, los engaños con música de vals y los supervisores miopes.
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