O cuando todas las secciones son delicatesen
Los habituales lectores de este boletín, saben por experiencia que la gastronomía no forma parte del ideario de nuestra publicación y que la promoción de grandes centros comerciales tampoco es uno de nuestros objetivos. Pero la imagen de una gran superficie comercial, con sus lineales y sus secciones especializadas nos da pie a una serie de analogías entre la cesta de la compra diaria, semanal o mensual, con una compra inmobiliaria que se dilata, como es lógico, mucho más en el tiempo, dicen que para muchos ciudadanos es la adquisición más importante de su vida.
En un tono mucho más profundo, nuestra compra de suministros familiares se debería llamar, por ajustarnos al terreno que pisamos, auditoría del inmueble sin olvidarnos de otra auditoría, en paralelo, al futuro inquilino.
Hagamos un ejercicio de imaginación, de esos que tanto nos gusta hacer cuando dibujamos en nuestra mente la vivienda que vamos a adquirir. A vista de pájaro, las distintas secciones de fruta, charcutería, bebidas, verduras, limpieza, etc, etc con sus correspondientes lineales, se trocan en secciones económicas, fiscales y financieras de nuestra compra. Aquí los análisis deben ser exhaustivos porque un error en las previsiones o en los gastos, puede dar al traste con la operación. La sección jurídica, en la cabecera del lineal, con un examen a las escrituras, a la titularidad, a las cargas, a los embargos que, de haberlos, hailos y las meigas son como las termitas, destruyen cuanto tocan.
Hay más secciones, cada una de ellas dirigidas por un profesional con el concurso de un equipo de cualificados colaboradores. Miremos el edificio dónde se ubica la vivienda que deseamos adquirir. Deberemos echar a nuestro carrito de la compra un informe de evaluación del edificio, las posibles rehabilitaciones realizadas o en proyecto, el certificado de eficiencia energética, la cédula de habitabilidad, y así suma y sigue. Imprescindible consultar con los que se manejan en estos temas todos los días.
Y camino, casi, de la salida, no olvidemos hacer una visita a la sección de inquilinos a los que vamos a alquilar la vivienda recién comprada. Aquí los documentos son tan imprescindibles como transparentes, registro de morosos, verificación de ingresos y estabilidad en el empleo.
Y ahora sí, encaramos la línea de cajas. Podemos asumir la compra, cuantificar la operación, manejar la calculadora y poner rumbo a la notaría.
Sin querer, o medio queriendo, hemos hecho consultas, comparaciones, oído opiniones y dejado las improvisaciones para la barra del bar donde tomaremos un algo que sirva para brindar por una doble compra: en la gran superficie y en nuestra inmobiliaria de confianza.










