Lo que en idioma coloquial sería darle una pensada
La frase pertenece al acerbo popular siempre que se produce una circunstancia difícil, sálvese quien pueda o no, pero salvemos los muebles como señal de que los muebles son como la esperanza: lo último que debemos perder.
Pero en este caso nos referimos a los muebles de verdad, madera y tapicería, estanterías y mesas, percheros y camas. Nadie sabe los muebles que esconde una vivienda hasta que llega el momento de la mudanza. El mobiliario rompe la lógica del espacio, atesora recuerdos, acumula años y experiencias, perfume humano y abrillantador de barniz. Cada mueble es un guiño a una tarde de compras, a una oferta irresistible, a un rincón cansado de estar desnudo. Salvemos los muebles porque en ellos hay retazos de nuestra vida, envejecen con nosotros, se jubilan en el trastero y acaban en un rastro de antigüedades cuando acrisolan maderas nobles. Los muebles son artículo imprescindible en toda vivienda, señal de vida humana, calor de familia y complicidad de cuadrilla.
Estas letras no son una apología del mueble. Son reflexiones ante el alquiler de una casa. ¿La queremos amueblada o con paredes limpias? ¿La alquilamos dejando unos muebles de rebajas y que mientras duren, es que han durado? ¿Es más caro el alquiler cuando hay muebles? ¿La tendencia es alquilar con muebles porque nos evitamos gastos iniciales y el convencimiento de que se quedarán en la vivienda cuando nos vayamos? ¿Nuestro objetivo es un alquiler de larga duración y queremos que los muebles tengan nuestro sello y nuestra impronta? ¿En el inventario a la firma del contrato, deberemos constatar el estado de los muebles que recibimos? ¿Y en el seguro de la vivienda, deberemos hacer constar la existencia de esos muebles?
Hay estudios donde se refleja que las viviendas amuebladas en régimen de alquiler pueden ser hasta un cuarenta por ciento más caras que las que no tienen un solo mueble. En algunas provincias españolas se invierte la tendencia: casas vacías que para llenarlas ya estamos nosotros y unos muebles heredados que yacen somnolientos en un almacén.
Hay que darle una pensada, posiblemente no tan profunda como la que debemos dar a otros frentes relacionados con el alquiler de una vivienda, pero antes de tomar una decisión sería bueno barajar varias posibilidades. Una vez más la opinión del experto y la voz de su experiencia nos puede sacar del atolladero. Todo sea por cumplir nuestro objetivo: salvar los muebles.










