La palabra almanaque pasó de moda. Alguna vez ha aparecido en esta sección, más como vahído nostálgico que como término de uso corriente. Nuestra juventud no lo ha conocido y dudo mucho que alguien se empeñe en revivirla.
Pero en estas semanas que cierran el año, uno recuerda aquel taco de papel, preámbulo de las agendas manuales y digitales, donde los números de trazo grueso, consuelo de las vistas cansadas, eran la cabecera de los santos del día, los cambios de la luna y algún que otro pensamiento filosófico que muchos leíamos sin entender absolutamente nada.
Se aprovechaban las esquinas de la cuartilla en blanco para recordar un cumpleaños, un aniversario o la visita al médico. Ese viejo almanaque era el testigo mudo del acontecer de los días, razón por la que no faltaba en ninguna casa, en edición más o menos austera, según posibilidades económicas de sus moradores.
¿Y a qué viene esta excursión gratuita por el túnel del tiempo? ¿Acaso la agenda multifuncional de nuestro móvil no sustituye aquella hoja amarillenta que destacaba los festivos con tal despliegue de tinta roja que hacía de los lunes el día más negro de la semana?
A primeros de año, todos apuntaban cosas en el almanaque para evitar que la memoria hiciese, pizpireta, alguna de sus travesuras. ¿Y por qué no hacer lo mismo ahora en nuestra agenda digital? ¿Sabe en cuánto se valora su vivienda actualmente? ¿recuerda cuánto deberá pagar por su hipoteca en los próximos doce meses? ¿cuándo vencen sus seguros y si es necesario hacer alguna modificación? ¿si quisiera alquilar su vivienda, sabe el importe que podría solicitar? ¿le puede tocar ser presidente de la comunidad de propietarios? …
Son solo unas cuestiones pilladas al vuelo, pero si les dedica solo unos minutos, entre fiesta y fiesta, seguro que descubre algunas preguntas más que sabrá contestar adecuadamente y, si no es así, para eso está su asesor inmobiliario que tiene un inmenso almanaque que abarca todos los temas relacionados con la vivienda. Y al ser digital y puesto al día, las respuestas llegan a la misma velocidad que las campanadas de fin de año.
En ocasiones, olvidarse de una fecha puede producir atragantamiento. Y muy mala uva.










