Las consignas están claras: “frenar las subidas abusivas de los alquileres poniendo techo en zonas de mercado tensionado, fomentar el alquiler social, se apuesta por la rehabilitación, se moviliza suelo público y se estimula la oferta privada de alquiler”.
Dicho así, la música suena bien y casi nadie, en su sano juicio, no acudiría al concierto. La vivienda en general, entrar en detalles nos llevaría horas, se ha convertido en protagonista de nuestra vida diaria al margen de ser imprescindible para esa misma vida.
La emancipación de los jóvenes, familias que no llegan a fin de mes, jubilados que desean utilizar su vivienda como patrimonio de intercambio, cascos antiguos que se transforman porque los tiempos y las costumbres imponen su ley.
Abusos tenemos para escribir dos enciclopedias, en ocasiones nos inventamos antes la trampa que la ley que la combata, desahucios y ocupaciones ilegales han dejado de ser noticia por su abundancia, pero el negocio inmobiliario ético sigue dando de comer a muchas personas que sudan el sueldo. El futuro debería transcurrir entre las líneas que tracemos ahora. Y ahí vienen las sombras.
¿Serán los ayuntamientos que superen los cien mil habitantes los que marquen las pautas del alquiler? Navarra, con sus competencias propias en Vivienda y sin que haya superado los niveles de crispación inmobiliaria que se viven en otros lugares del país, ¿se lo tomará con calma para analizar todos los parámetros o de nuevo las consignas partidistas harán que el agua elija un cauce u otro? ¿Se consultará al sector profesional que ya ha advertido que intervenir en esa materia no es ayudar sino entorpecer? ¿Se resentirán las inversiones, la nueva construcción e incluso las rehabilitaciones? Todo parece proclive a esperar “que escampe”.
Lo malo es que hay actividades que llevan mal los parones. Y en el balcón, las oscuras golondrinas toman sus precauciones antes de anidar e incluso anidando, no vaya a ser que un furtivo de al traste con sus polluelos, con el nido, con el balcón, con el edificio y con todo lo que se ponga por delante.
Las únicas intervenciones que no tienen más remedio son las quirúrgicas y no siempre salen bien, pidiendo perdón a los cirujanos, claro, que como los inmobiliarios, se dejan la piel en lo que hacen.










