Así podría empezar una jota navarra. Pero no es el objetivo. Solo son unos pensamientos, más inspirados en la fantasía literaria que en la realidad inmobiliaria, basados en las dudas que muchos ciudadanos tienen en estos momentos.
Hipotecas más difíciles de conseguir, condiciones laborales que hablan de futuros inciertos, alquiler como único sistema de salir del nido paterno, desahucios que disminuyen cuando se habla de viviendas en propiedad y aumentan alarmantemente cuando se habla de alquileres impagados, escasez de oferta en el mercado para inquilinos ávidos de conseguir un techo, inversionistas que ven en la vivienda una manera segura de rentabilizar sus ahorros pensando, incluso, en garantizarse unas pensiones de jubilación cada día más difusas.
Le dijo la hipoteca al alquiler y este le contestó silbando. Porque en los tiempos que vivimos casi nadie puede firmar lo que promete, asegurar lo que desea, aventurar más allá de la esquina. Posiblemente no es caer en el pesimismo si decimos que algún acorde de la jota, sonaría desafinado. Porque además hay elecciones, y los partidos ofrecen en sus programas su visión desde la quinta fachada, y a esta siempre le toca el sol, pero se moja cuando llueve.
Lo bueno de nuestro tiempo es que las incertidumbres duran un suspiro digital, un selfi aventurero, los saldos son datos, y los datos, datos son, como los sueños. Para cantar una jota, y mucho más para que suene bravía, hay que saber, sentir y tener. Como para comprar una vivienda o alquilarla.
Menos mal que las golondrinas, aunque no estén en las orillas del Arga, ponen algo de armonía en el ambiente. El que no se conforma…










