Y salta a la vista ante el más somero de los análisis. Yo, otros, no sé si muchos, esperamos la renta a final de mes que nos paga un arrendador al que nos une un contrato. Un documento firmado de mutuo acuerdo. Cara a cara con la esperanza de que un papel nunca podrá sustituir a la buena voluntad de las personas, pero hay que tenerlo porque más vale un por si acaso que quien lo iba a pensar.
Con ese dinero de la renta mensual, yo abono la hipoteca de una vivienda que estoy pagando poco a poco para que me sirva de colchón, o de simple almohada, cuando la jubilación llame a mi puerta. Es un intercambio de buena fe entre un propietario, uno, y un inquilino, uno. Y admitamos que gente resabiada hay en todos los colectivos, en arrendadores y arrendados.
Pero no bauticemos a particulares, a empresas, a bancos, a fondos de inversores, a todos los que poseen un título de propiedad, uno o muchos, como buitres. Que de haberlos “hailos”. Pero señalemos con mucho cuidado su vuelo, con nombres y apellidos, razón social y argumentos para denominarlos “carroñeros”.
No confundamos renta con hipoteca, no me llames carroñero porque mi alimento tiene otros principios alimenticios. Hay muchas “cardelinas” dispuestas a renunciar durante un tiempo a cobrar la renta, a retrasarla, a rebajarla, a dialogar, a ponerse en el lugar del otro porque el vendaval sopla en todas las direcciones.
Los bancos y sus hipotecas tienen su senda tan definida como diferente. El propietario que reunió con mucho esfuerzo unos ahorros para que una vivienda fuera inversión de futuro, no merece ser hundido en el barro de la usura, del oprobio, del desprecio social. Tiene el derecho a ser sometido al examen de la solidaridad con la seguridad de que sacará buena nota y en muchos casos, hasta un sobresaliente.
No me llames buitre porque nací cardelina, por eso doy en báscula veinte gramos y un buitre supera los diez kilos. No juzgo los objetivos de cada uno, solo reclamo mi derecho a volar sin recibir una salva de perdigonazos porque el populismo defiende que hay que disparar a todo lo que se mueve, sobre todo, si lleva un ladrillo bajo el ala. ¿Esa es la prueba…? ¿De qué…?










