Porque el que avisa no es traidor, es avisador
Mandaba por aquel entonces el señor Aznar, corría el año 2000. De la noche a la mañana, como en un crepúsculo anarco, y mediante un decreto ley, desaparecieron las normas que regían para poder abrir una inmobiliaria. Desregularizar fue fácil, la chocolatada para todos siempre lo ha sido, pero ha permitido la entrada en el sector de elementos sin preparación, sin recursos y lo que es peor, sin miramientos. El crecimiento de las empresas en nuestro país oscila actualmente entre un seis y un siete por ciento de media, mientras que las inmobiliarias supera un setenta por ciento el umbral de ese mismo crecimiento.
Un agente inmobiliario debe responder a un perfil muy concreto de conocimientos, solvencia y ética. Por tener en propiedad, o alquilado, un local céntrico en una ciudad, no nos brinda la ciencia infusa para poner el cartel de inmobiliaria, abrir la puerta y que vayan pasando. Las estafas están a la orden del día, haciendo por otra parte, un flaco factor al sector. No se llega a entender muy bien, como unos posibles compradores sueltan el dinero ante promesas escritas en el viento y con garantías de humo. Es muy peligroso confundir un simulador de posibilidades con dejar en un sobre, y sin garantías, parte, o todos, nuestros ahorros.
El cartelito de: agencias abstenerse en un local o piso en venta, supone una pequeña mancha para un sector que se vanagloria de aconsejar, calibrar y ofrecer soluciones amoldadas a las necesidades del cliente que sabrá en todo momento, qué paga, por qué paga y a quien paga. Luz, taquígrafos y contratos legales.
Por suerte, algunas comunidades autónomas ya han reaccionado y desde 2010 Cataluña ya tiene un registro con normas de acceso para agentes inmobiliarios. Navarra, Madrid y País Vasco están andando por esa misma senda, aunque han surgido voces discrepantes que exigen que esos registros sean de carácter voluntario. El Consejo General de Colegios Oficiales de la Propiedad Inmobiliaria de España CGCOAPI se está moviendo en ese sentido para lograr que las necesidades actuales del sector estén reguladas, respetando, como no podía ser de otra manera, las especiales características de cada una de las regiones.
Estas líneas son un llamamiento a los potenciales clientes para que antes de depositar dinero, firmar papeles o aceptar compromisos, se aseguren de quien es su interlocutor, su trayectoria profesional, sus garantías para responder ante hipotéticas complicaciones y sus conocimientos en el sector. De particular a particular, farolas con pegatinas, cafeterías públicas ante la ausencia de un local y argumentos no sustentados en ley, dan, por lo menos, motivos de sospecha. Comisionistas sin reparos y expertos en ser intermediarios sin compromiso, existen en todos los sectores. Pero si los tenemos alejados de nuestra vivienda, nos permitirá saber que el crepúsculo al que antes me refería, no será el final de una noche de pesadillas.










