Las cifras son elocuentes: casi 4.700 viviendas rehabilitadas en los diez primeros meses del presente año, más de cincuenta millones de inversión y cientos de puestos de trabajo. Solo con esos resultados, estas líneas podrían terminar porque el mensaje no puede ser más positivo.
No se trata de pormenorizar aquí y ahora todas y cada una de las ayudas, su compatibilidad con otras que hablan ahorros energéticos, lo importante es que los ciudadanos buscan, y casi todos encuentran, ese dinero para seguir viviendo en su casa de toda la vida, pero con una inyección de modernidad que se traduce en confort y ahorro.
Es bueno que nazcan nuevos barrios en las ciudades, pero siempre que no se pongan en cuestión, léase se vacíen, bloques de viviendas que configuran esa orbe desde hace muchas décadas o siglos.
Los cascos históricos son el reflejo de las gentes que allí vivieron, viven y desean seguir viviendo si las ayudas permiten que sus domicilios reúnan las condiciones de habitabilidad que hoy todos exigimos.
Todos los porcentajes de rehabilitación en Pamplona tienen dos cifras en positivo, de ejercicio en ejercicio. Planes constructivos con una inercia que no parece tener fin en un plazo cercano. Y ese si es un motivo de alegría.
Las comunidades de propietarios, los profesionales inmobiliarios y las empresas de construcción conjuntamente con estudios de arquitectura, están poniendo hilo en la aguja. Y a vuela pluma, se puede asegurar que no existe una sola calle en la ciudad donde andamios, grúas y ladrillos no hablen de rehabilitación. En esa calle, y por ende en ese barrio, el futuro ha sentado, y asentado, sus cimientos.
Una pregunta al aire: ¿por qué no lo habla con sus vecinos y buscan asesoramiento?










